Thursday, September 22, 2011

MAQUILLAJE DEL CORAZON - CAPITULO CUATRO

Erlinda estaba sentada frente al espejo de su cómoda como todas las mañanas a las seis en punto, contando sus arrugas. No eran tantas y casi nadie las veía con excepto de ella. Su rutina consistía en darse una ducha tibia con el jabón antibacterial que prometía no secar su piel sino humectarla y mantenerla siempre fresca y radiante, con una fragancia jóven que duraría todo el día. Ella misma había seleccionado los componentes años atras y su firma había crecido en gran medida gracias a él, especialmente cuando se lo había incluído en paquetes combinado con otros productos de la línea de Maquillaje Del Corazón.
Doña Erlinda no era fea y había sido muy atractiva de jóven, según lo recordara Don Mauricio de tanto en tanto, pero no tenía una gran autoestima cuando se trataba de su propia belleza. 
Se había casado muy jóven y siempre, desde que recordara, había trabajado. Comenzó un día, cuando todavía era una niña y su madre se encontraba preparando una torta en la cálida cocina en una mañana de invierno como esa. Ella se había ofrecido a ayudarla y su madre le dió ese bowl de porcelana gigante cubierto de flores pintadas a mano que todavía conservaba después de todos estos años, como una de esas reliquias familiares que se atesoran para siempre. Era el bowl que había marcado el comienzo de su vida en este negocio sin que ella lo supiera entonces, cuando batía los seis huevos que su madre había roto meticulosamente con un solo golpe en el borde y abriéndolos con un sola mano los hacía caer dentro del bowl. Su inexperiencia  llena de yemas y claras, manitos y cara sucia riéndose junto a su madre sin parar. Ella notó que lo que estaba en sus manos y en su cara le estiraban la piel al secarse, sintiendo las áreas afectadas más tensas y entonces le preguntó a su mamá: - “Si las claras estiran la piel cuando se secan, porqué no te pones un poco en la cara?
Su madre, dura como si todas las yemas y claras del mundo hubieran bañado su cuerpo antes de secarse, no supo que contestar y por unos segundos se mantuvo callada. No sabía si reírse por la ocurrencia, enojarse por la insolencia o celebrar la creatividad de su hija. Pero luego de una pausa finalmente se decidió: - “No, esto es comida, no maquillaje y es para satisfacer al corazón como todo lo dulce, no al espejo”-
Erlinda, después de pensar por un breve momento en lo que su madre había dicho, levantó el tenedor con el que estaba batiendo los huevos dejando caer un chorro bizcoso, lenta pero firmemente de regreso al bowl y miró a su madre a los ojos: - Maquillaje Del Corazón entonces!” - “Y sí” - contesto su madre, nuevamente sorprendida y devolviéndole la mirada con dulzura a su hija - “Maquillaje Del Corazón”
Pero Erlinda ya era terca y obsesiva desde niña y su madre sabía muy bien que aquello era solo el comienzo. Su hija seguiría experimentando con la idea y con los huevos de gallinas, patos y codornices y todos los que pudiese robar de la cocina cuando ella se descuidara; así la había descubierto ya varias veces, con su juego de bioquímica que le habían traído los reyes magos dos años atrás, inventando fórmulas con harina, dulce de leche y mayonesa . . . mucha mayonesa. 
Huevos con sal, huevos con azucar, huevos con miel, todas las posibles combinaciones y a la cara. Hasta que finalmente se creyó lo suficientemente lista y preparada como para probarla y de una buena vez, corregir las arrugas en el rostro de su madre; una pasta especial hecha con claras de huevo de pato, miel y harina de maiz refinado. Era la hora de probar su magica fórmula y que mejor chanchito de la India que su propia madre  en la que se había inspirado para prepararla. Asi que esa noche, cuando su padre se había ido a jugar al truco con sus amigos y ellas se quedaron solas contando cosas de mujeres y Erlinda preparó su unguento y se lo colocó a su madre en la cara.
Las dos se divirtieron como nunca, antes o después de esa noche, ya que la madre de Erlinda moriría de un infarto pocos meses después. Ella siempre recordaría a su madre, siempre apoyándola e incentivándola, especialmente durante esas horas, en esa noche mágica en la que su madre, después de casi media hora apenas podía mover su cabeza, pero no debía moverse de todos modos, decía Erlinda, para que la crema funcionara. Y ese pasticho parecía estar trabajando, ya que su madre encontraba que la piel de su rostro se sentía más tensa que nunca, pero cuando intentaba quedarse quieta y seria, ninguna de las dos podían contener la risa por más de un minuto, y luego se ponían serias nuevamente, endureciendo sus facciones, tratando de contener la risa que estallaría incontrolablemente. Asi, hasta que la cara de la madre de Erlinda se había endurecido tanto que ya no podía soportar la dichosa mascarilla.
Para sacarse esa pasta de la cara, la madre de Erlinda tuvo que usar un jabón de barra, el mismo que usaba para fregar ropa, pero para su sorpresa, no sabía si por la mascarilla o por el jabón, su cara había quedado mucho más suave y hasta se podría decir que mucho más sedosa. Cuando su madre se lo comentó, Erlinda, tocándole suavemente la cara con sus manitas inocentes, le dijo: - “Y estos son los resultados de Maquillaje Del Corazón.
Doña Erlinda recordaría toda su vida, como su madre contestó esa noche a sus ocurrencia, con solo una sonrisa de ternura.

Wednesday, September 21, 2011

MAQUILLAJE DEL CORAZON - CAPITULO TRES



Raul Espósito se subió al tren, que había esperado como media hora porque estaba retardado. Alguien se había lanzado delante de él la noche anterior y se demoraron horas en sacar los pedazos de entre las vías y las ruedas, terminando justo antes del rush hour, y Raúl creyó que esto era señal de buena suerte ya que llegaría justo a tiempo a su entrevista. El iba vestido con lo mejor que tenía; Un traje Armani de seda gris que había comprado con una tarjeta de crédito que nunca se terminaba de pagar, zapatos de cuero negro italianos comprados con la misma tarjeta y un portfolio, también de cuero negro que alguien le había regalado al graduarse y que, su entonces novia, cuestionaría cada vez que recordara el incidente. 
Llevaba consigo la muestra de sus mejores trabajos, sus mejores diseños, pero más que eso, llevaba la actitud ganadora que había aprendido en esos últimos años en la Universidad, cuando era el único en su división en trabajar y cobrar por sus trabajos, y cobrar bien, muy bien, a medida que aprendía.
Su aspecto de galán por supuesto que no actuaba en su contra, por el contrario. Sus presentaciones eran más atractivas que un capítulo de telenovela y él había aprendido a elegir sus clientas y conquistarlas desde ese primer apreton de manos al presentarse, firme pero caballeroso y seductor. A su prolijo corte de pelo negro que enmarcaba un perfecto canvas con dibujados ojos azules, lo ayudaban su perfume: una rara combinación entre uno muy fuerte que había heredado de su padre y un pequeño rocío del de su esposa. Nadie sabía distinguir cual era esa misteriosa fragancia que las encantaba y que él solo usaba en momentos muy especiales, como el de ese día lunes.
Las puertas del tren se abrieron justo delante de él, quizás otra señal. El entró con paso firme y seguro y apresuró su alta figura hacia el interior donde se sentó en el único asiento doble desocupado, junto a la ventana. Detrás de él y como todos los lunes, el resto de los que habían esperado impacientemente por ese tren  entró como manada hasta ocupar quizás el mismo  lugar que ocuparían el resto de la semana, para no perder la costumbre. El aciento a su lado permaneció vacío por unos pocos segundos después que él se sentara ya que un muchacho de aspecto trabajador, como casi todos los demás, menos él, se sentó a su lado.
Todos en el tren, entonces  se dió cuenta, tenía ese aspecto de lunes a la mañana: agotados. Como agotados lucían también los que estaban sentados frente suyo. Todos parecían pertenecer a la misma empresa o a la misma familia. No era que estubiesen uniformados, no, era su aspecto. Ropa gastada, zapatos sin lustrar, hasta casi despeinados; un aspecto totalmente descuidado . . . y ese olor. No estaba seguro de dónde venía; si era el que recién se había sentado a su lado, que era jóven pero el que lucía con aspecto más descuidado que los mayores y que había adoptado en su asiento como una posición de abandono. O quizás era el que estaba frente a él, ya mayor, y que cabeceaba al ritmo de la locomotora. O el otro al lado del viejo, de edad incalculable y de piél mucho más oscura. Raúl los miraba a todos de reojo y con desconfianza, tratando de adivinar de dónde vendría ese jodido olor, una mezcla de bolsas de papas en mal estado y pasto húmedo y sucio. Pero ninguno parecía sucio, no lo entendía. Quizás era la mezcla de los olores de la pobreza de todos ellos juntos en un ambiente cerrado pero no estaba seguro y le repugnaba el solo pensar que olor se penetrara en su traje, en su pelo, en su piel. Le reventaba que no lo dejaba ni concentrarse en la presentación que debería  realizar en su entrevista de trabajo.
Había dejado su casa después de tomar el desayuno con su mujer que literalmente lo mantenía. Carla era peluquera, manicura y maquillista; o maquilladora de las estrellas, como se hacía llamar por publicidad. Cuando no trabajaba en su casa, tenía un casamiento, una fiesta de 15 o una novela que pagaba muy bien; siempre estaba ocupada y es así como pudo costear la carrera de Raúl. 
Su bebé había sido una bendición, ya que los mantuvo unidos hasta el casamiento, pero su vida ahora se limitaba a trabajar para mantener el hogar y cumplir un papel para el que no solo no había sido preparada, sino que la rutina y los desvelos que venían con él le marcaban la cara que como pergamino envejecía a diario.Al comienzo no se notaba que ella era mayor que Raúl, pero ahora, con el chico de dos añitos divinos pero jodiéndole la vida, sí se notaban. Su rubio ya no era natural, y ni siquiera podía atender a sus clientas sin maquillaje como lo hacía al comienzo, cuando recién casados y el embarazo hasta le sentaba bien. Pero ahora no lucía ni se sentía la misma. Su cintura ya no lucía bien con sus vestidos de soltera, y ni pensar en los pantalones, que después del nacimiento de Ariel, hacían lucir su cuerpo como si el bebé se hubiese olvidado el pan que supuestamente traen los bebes debajo del brazo dentro del cuerpo de su madre, para siempre. Carla ya ni se sentía atractiva, ni con deseos y a Raúl parecía no importarle, ni siquiera esos pocos días en los que vendía o finalmente cobraba un proyecto por muy buen dinero y pagaba niñera, la llevaba a cenar y hacían el amor como la primera vez. Todo duraba una noche, y luego otra vez la rutina. Raúl seguiría ocupado tratando de conseguir otro trabajo y gastando el resto del dinero que produjo el anterior en lograrlo, entrevistándose con distintas clientas y pagando almuerzos, cenas, cafes y tragos; pero volviendo la mayoría de las noche sólo con agotamiento y sin mas ganas que de irse directo a la cama, a dormir hasta el día siguiente en que se levantaba y volvía a salir emperifollado como listo para filmar una nueva escena de su propia película, mientras que su esposa volvía a prepar el desayuno a él y la leche con cereales para su hijo Ariel.
Y Raúl volvía a sobresaltarse despertándose nuevamente a la realidad,una nueva oleada de olor y sudor lo invadían hasta casi producirle nauseas. Sopló malhumorado mirando a sus compañeros de asientos, como recriminando por el olor, pero todos lo ignoraron y quizás hasta creyeron que estaba algo loco al verlo asi vestido y viajando en ese tren atestado de gente, gente olorosa que parecían pertenecer a otro mundo, un mundo al que Raúl se prometía a si mismo, día a día, jamás pertenecer y seguir en su busqueda, hacer lo que fuera necesario para no tener que volver a viajar en ese tren nunca jamás; y dejar de hacerlo lo antes posible. Pero hoy por hoy no tenía dinero para taxi. Hasta llegó a pensar que esos pobres y olorosos obreros que viajaban ese día en ese tren, quizás tuvieran más dinero que él, que no trabajaba.
Con gran alivio llegó a destino. Después de todo había tenido suerte en conseguir asiento en el tren un lunes por la mañana antes de que se llenara de gente, gente   que viajaba parada por horas quizás todas las mañanas. Si él hubiese tenido que viajar parado hasta su traje su habría arruinado antes de su entrevista. 
Salió del tren con el tiempo suficiente como para caminar despacio hacia el lugar de la cita. Desde la estación ya se podía ver. Un enorme cartel con mucho más enorme mal gusto mostraba unos labios rojos gigantescos, como arrojando un beso a los peatones en la acera y soplando a la vez sobre una mano igualmente enorme, de donde se desprendía una especie de polvo rosado que leía: “Maquillaje Del Corazón”.

Tuesday, September 20, 2011

MAQUILLAJE DEL CORAZON - CAPITULO DOS

Pablo y Tina se habían mudado a una casucha ubicada en los improvisados barrios marginales, al costado de la ruta que los separaba visiblemente de la gran ciudad, con sus magnificos modernos rascacielos recién construídos durante el boom de  constructión en la euforia edilicia que había invadido al mundo entero en los últimos años que ahora, sin razón aparente, se había paralizado, dejado edificios a medio construir y muchos de los terminados casi vacíos.
La desición surgió de repente como todos esos cambios bruscos en sus vidas que parecían ser inevitables y con los que se dejaban llevar sin resistensia y casi con alibio, pero con una agria sensación de que podría haber sido mejor, de que como no habían logrado algo mejor, de que porqué ellos. Pero cuando ambos, ya sin trabajo, habían agotado toda posibidad de vivir desentemente y tuvieron que abandonar el departamento que rentaban desde hacía casi diez años. Tina seguía cosiendo, pero sus clientas regulares, las que le habían llevado su ropa para reparar, esas que ella lograba modificar una y otra vez, hasta quizás tres o cuatro transformaciones según pasaba la moda o se iban desgastando el los lugares comunes. Era un ingreso seguro para Tina que ya no tendría, ya sus clientas no la visitarían de este lado de la ruta, en el barrio marginal. Tina sabía que mudarse a ese lugar sería no volver jamás a una vida normal. No había retorno. Ya no tendría más clientes que necesitaran su creatividad y maña para lograr esos nuevos modelitos con ropa vieja y surcida; en este lugar, ella ya había visto, todas se vestían con lo que le regalaban o encontraban en la basura, no había ninguna necesidad de vestir mejor ni de prosperar para nadie, nadie tenía un centavo para pagar a una surcidora y mucho menos a una modista, y la mayoría hasta rara vez se bañaba. Asi que Tina ahora deberia arreglárselas como las demás, buscando en la basura de la ciudad, no solo para vestirse, sino también para sobrevivir.
La casucha que encontraron, estaba hecha con pedazos de lo que alguna vez había pertenecido a un vagón de ferrocarril, con parches para unir lo que habia sobrevivido a un incendio. No estaba ni siquiera pintada, solo parchada para proteger a sus habitantes de la intemperie. Pablo hizo lo que pudo cuando sus contactos le avisaron que una casucha estaba disponible desde que habían matado a unos ilegales que tuvieron problemas con traficantes de drogas, un trabajo muy mal hecho y por el que les habían hecho pagar muy caro. Estuvo abandonada por más de veinticuatro horas, asique era ahora o nunca le dijeron, esos lugares se ocupan enseguida cuando los desesperados se enteran, y el estaba desesperado. Le dijo a Tina que ese era el momento de abandonar el departamento; nunca lograrían ponerse al dia con meses de renta atrasada y no podían desaprovechar esta oportunidad.
No había mucho que empacar, porque la casucha era como la décima parte en tamaño de departamento que ocupaban, asi que lo que no se podía llevar se vendía por lo poco que le podrían dar, se regalaba a los pocos amigos que le quedaban o se abandonaba el ese departamento en el que habían amontonado casi diez años de historia y recuerdos viviendo juntos.
Tina llegó a darse cuenta, mucho después, que en ese corre corre de salir apurados para que los dueños no supieran a dónde se iban, habían olvidado las fotos de casamiento en el último cajón de una cómoda vieja a la que no tuvo tiempo de revisar; recordaba que la humedad había ensanchado los cajones y que casi fue imposible abrirlos la última vez que las vió, hacía un par de años. Pero ya era muy tarde; parte de su historia juntos se había perdido en ese departamento para siempre, como así también la esperanza de volver a vivir decentemente. Ella estaba segura que a partir de ese momento no se podría volver para atrás.Pablo, por lo contrario, no había perdido las esperanzas de que los malos tiempos que les estaba tocando vivir pasarían pronto. El había visto como unos cuantos de sus amigotes, con los contactos necesarios, habían sabido como desempeñarse en medios ilegales pero bien remunerados y estaba dispuesto a todo para volver a resurgir y salir de la espantoza pobreza en la que había caído desde que lo despidieran de la fábrica de calzados años atrás más recientemente, con el corte de horas de trabajo en la distribuidora de leche pasteurizada que se iría a la bancarrota de un momento a otro. Fué entonces, y en ese mismo lugar, donde hizo los contactos que lo ayudarían a encontrar  la casucha justo a tiempo y un trabajito para un tipo que ni conocía, pero que le ayudaría a llegar a fin de mes con casa y comida; a pesar de todo, se sentía de suerte. 
“Lo importante” - le habían dicho sus amigotes, era - “hacer el trabajo que le pidieran ligero, limpio y mantenerse callado; nunca preguntar ni por qué, ni para qué, que cuando menos pregunta, Dios perdona” - 
Lo primero que debería hacer era, dentro de la misma fábrica para la que había logrado trabajar un par de horas aquí y un par de horas allá, desarmar, envalar y mudar unas máquinas empacadoras y casi cincuenta computadoras nuevas que la empresa había adquirido, nadie sabía por qué, en el medio de la crisis y que se decía todavía se debían. Llevaría todo a un depósito detrás de esa casa de familia donde ya había llevado algunos muebles y muchas otras cajas anteriormente. Esa casa parecía cerrada, como abadonada también, pero él sabía mejor. Sabía que cada vez que hiba había alguien espiándolo desde adentro, siguiendo cada paso que daba, viendo como se desenvolvía en la tarea que le habían encargado. Y Pablo se desenvolvió muy bien. Todo fué sacado de la fábrica de noche, como le habían pedido, antes que unos compradores, una vieja rica y el que parecía su amante fueran a visitarla y decidieran comprar lo que quedaba de la desvalijada fábrica, que por lo que él había visto, después de sacar todas las máquinas nuevas, no era más que un edificio viejo y un montón de equipo obsoleto e inservible.
Pero a Pablo no le importaba; lo único que él quería en ese momento era recibir el pago cuando la vieja y el tipo ese se fueran, asi como se lo habían prometido, si todo salía bien, y largarse del lugar para conseguir la siguiente changa o curro como le decían sus amigotes a estas oportunidades únicas que salían así de repente, cuando el fraude, la corrupción o el robo a lo grande necesitara de una mano especializada como la suya para hacer el movimiento, una ayuda que él sabria brindar y callar.
Antes de media mañana, ya esa gente se había ido, pero no fué hasta casi antes de las siete de la tarde, antes de cerrar las puertas definitivamente, en que finalmente lo llamaron a él y le dieron solo parte de lo prometido. Parte porque su misión no había concluído ahí, no había terminado la transacción le dijeron, y el nuevo jefe quería asegurarse que él no se iría y dejara el trabajo a medias antes de cerrar la operación que, se enteraba ahora, consistía también en la venta del equipo escondido a otra compañía. Pero eso se llevaría a cabo durante la semana, ahora era muy tarde y ellos debían irse a cumplir con ese otro cliente, así lo había mandado el jefe.
Sorprendido ante cuanto este nuevo jefe esperaba de él, pregunto, como algo que creía natural - “ Y quién es este nuevo jefe” - Pero ninguno pareció escuchar la pregunta y sus amigotes saludaron de forma un poco extraña, se fueron acercando a la salida y entre dientes uno le preguntaró - “ Haz entendido que en este negocio no hay que hacer preguntas, verdad? “ - El hizo señas que sí con la cabeza antes de que cabiera alguna duda. Y mirando de costado para saber que Pablo los seguía, fueron saliendo del lugar.
- “Me pasan a buscar mañana? ” - preguntó Pablo.
- “Tu estate listo que te avisamos. Y recuerda: De esto ni una sola palabra a nadie, y mucho menos a Tina.

Monday, September 19, 2011

MAQUILLAJE DEL CORAZON - CAPITULO UNO


Make-Up suele estar rodeado de glamour. Un mundo donde la belleza es parte del estilo de vida y donde todo debe moverse y actuar de acuerdo con esta belleza. Hasta los envases de cada producto son cuidadosamente diseñados para presentar, más que un producto, un concepto de belleza. Teams of artistas y diseñadores, se pasan horas y hasta días y meses, dependiendo del producto, antes de concluir un prototipo. Si este prototipo debe ser presentado a una mesa evaluadora, a los directivos de una empresa, el proceso puede ser más complicado, tedioso y sobretodo, mucho más lento, en el caso de una compañía multinacional puede llegar a demorarse años. Pero este no era el caso de “Maquillaje Del Corazón”, por lo menos no hasta ese siniestro día en que todo cambió.
Camila había sido la cara bonita de la empresa y por consiguiente de la línea joven, desde que comenzó la escuela secundaria. En ese entonces, sus padres recién comenzaban a comercializar en grande y el marketing fué incluído en las campañas de lanzamiento, más que por gusto, por necesidad. Don Mauricio no estaba de acuerdo con las payasadas comerciales, como él solía llamarlas, pero Doña Ernilda sabía que esa era la receta para el futuro de su compañía. Y como “Maquillaje Del Corazón” era una empresa familiar donde el que firmaba los cheques era Don Mauricio, pero la que tomaba las deciciones y tenía la última palabra era Doña Erlinda, las cosas se hacían como ella mandara, y el marketing no era una excepción.
Fué idea de ella el contratar a Raúl Expósito como Marqueting Director  cuando apenas había egresado de la Universidad. Como toda compañía nueva, no podían darse el lujo de contratar a una firma publicitaria o de marketing de renombre que les cobraría un ojo de la cara para organizarles las campañas publicitarias, quizás hasta miles de dólares por adelantado y de las otras, Doña Erlinda no quería ni oír hablar; le parecía que esas pequeñas productoras de commerciales råpidos para TV hacían spots vulgares y todo lucía de bajo costo y barato, y en esto Don Mauricio estaba de acuerdo con ella. Claro, que para él, todos los comerciales eran basura y una gran perdida de tiempo; en ese aspecto Doña Erlinda debía ser más persuasiva para demostrarle a su marido cuán importante el marketing era en el mundo de la moda. Raúl, además de ser el único creativo de la compañia, ayudaría con los diseños de los estuches, frascos, paquetes de presentación, logos y todo lo que hasta ahora estaba pura y exclusivamente en manos de Doña Erlinda, quién se jactaba antes su marido de haber conseguido esta gran logro por monedas, un módico salario, al principio por lo menos. Raúl se había aparecido con un portfolio de presentación que había entusiasmado tanto a Doña Erlinda, que después de su primer entrevista con Raúl, mandó a cancelar sus otras veinte citas con otros tantos candidatos potenciales. Raúl fué contratado en el acto con un maneje de Doña Erlinda haciéndole firmar un contrato supuestamente muy prometedor para un joven recién egresado como él y sin darle tiempo a examinarlo, ni leerlo siquiera, y que Raúl, en ese ambiente económico tan inestable, no dudo ni un minuto en firmar.
Raúl comenzó a trabajar en una oficina improvisada en el cuarto  donde se reunían todos los lunes para repartir tareas y hablar de proyectos en general, el conference room 
como Doña Erlinda lo llamaba, imitando a sus colegas del país del norte, que sí tenían conference room como así también marketing department.
Raúl comenzó un lunes temprano y lo primero que hizo fue sacar una pequeña mesada, counter como le decía Doña Erlinda, una cocinita y hornillo-tostador, el horno microndas, un refrigeradorcito y las cafeteras: las dos, la del café americano y la del café cubano o expreso; en cajas se pusieron las tazas, los vasos, platos y cubiertos. Todo fué a parar al depósito de atrás, temporalmente. No fueron pocos los empleados que se sorprendieron cuando vieron que ya no había lugar para poner sus lunches o preparar el coffee de la mañana. El conference room ya no era conference room ni break room como otros lo llamaban. Ahora tenía el gran vidrio de la puerta cubierto con un papel de seda blanco con pequeños loguitos de “Maquillaje Del Corazón”, el mismo logo que años atrás había creado Doña Erlinda a mano, y en el centro un cartel improvisado en una hoja de tamaño oficio, pero con muy buen gusto, que decía: Marqueting Department. Esa fué la primera señal de que el ambiente familiar de “Maquillaje Del Corazón” desaparecería para no volver y así, ser reemplazado por una tendencia hacia el manejo de la empresa con pretenciones corporativas y cada vez más frías y menos familiares.
De este modo, los rumores acerca de Raúl Espósito comenzaron a circular por la empresa mucho antes de que nadie lo haya realmente conocido. Que de dónde había salido, que la Doña lo habia descubierto no se en donde, que habia algo raro entre él y la Doña, que cuidadito de no hablar mal de él y sobre todo delante de la Doña y hasta alguno llegó a insinuar que si eran amantes, que estaba acomodado y que ni Don Mauricio podía decir nada malo de él. Todos pasaban callados y cabizbajos por delante de la puerta del ex-conference room / ex-break room mirando de reojo como queriéndo adivinar que era lo que estaba pasando ahi adentro.
No fué hasta el medio día en que Doña Erlinda finalmente salió del nuevo Marqueting Department y comenzó a buscar por toda la empresa a su marido que parecía haber desaparecido ese lunes sin dejar rastro, cosa rara para Don Mauricio, ya que todos los lunes era él el que repartía la mayoría de las tareas a los empleados y organizaba la semana bajo la mirada afirmativa de su esposa que solo interrumpía si Don Mauricio se equivocaba en alguna directiva o asignaba a un empleado con el que Doña Erlinda no estaba de acuerdo y entonces decía: “Que te parece si se lo asignamos Tal en ves de a Cual para ver como se desempeña esta vez? Cual está muy atareado de todos modos, verdad querido?” - Ante lo cual Don Mauricio sabía que no tenía más remedio que complacer al pedido. De no ser asi, si todo iba bien y como Doña Erlinda lo había planeado, era ella la quien siempre terminaba la reunión interrumpiendo a su marido cuando ya había terminado, pero se dilataba y estiraba la charla con los empleados hablando hasta de cosas personales con ellos y de ellos, que nada tenían que ver con la firma, y ella entonces decía: Muy bien querido, la verdad que yo estoy de acuerdo. Porque no vamos a hacer tal o cual cosa entonces? o Porque no vamos adelantando con tal o cual proyecto asi todos pueden volver a sus tareas habituales? No es cierto? Y asi todo el mundo sabía que el break se había terminado y que Doña Erlinda los mandaba a todos de regreso al trabajo. Asi era como funcionaban los Biscontti, asi era, hasta ese lunes donde todo cambió definitivamente.
Pero dentro del Marketing Department, Raúl estaba convenciéndo a la “vieja” , como el la llamaría en sus circulos privados, pero nadie en “Maquillaje Del Corazón” lo sabría, acerca de una transacción en la que deberían comprar una flotilla de reparto de leche pasteurizada que había quebrado.
La idea era sencilla: Se firmaría un contrato de distribución exclusiva con las pequeñas camionetas de leche pasteurizada, o carritos como se los llamara entonces, que se había ido a la bancarrota. Doña Erlinda ya había persuadido a su marido para que comprara el cincuenta y uno por ciento de la compañía, ayudara a liquidar los bienes pasivos de esta, se deshiciera de la fábrica por partes aprovechando que casi todos los empleados ya se habían ido o no trabajaban en relación de dependencia y así convertir el lugar en depósito para “Maquillajes Del Corazón”. Como el edificio de la fábrica estaba especialmente construído para mantener una temperatura fría, el lugar era ideal para almacenar los cosméticos. Y los carritos solo deberían pintarse con los nuevos diseños que Raúl crearía especialmente para ellos con sus creaciones para “Maquillajes Del Corazón” dándoles un look mucho más moderno y utilizandolos a la vez para promocionar las nuevas líneas que se fueran lanzando al mercado. - “ Mucho más de lo que realmente necesitamos” = había protestado Don Mauricio; pero Doña Ernilda ya tenía su plan en mente y le fascinaba coincidir con las ideas de Raúl desde el principio, cosa que a Don Mauricio lo estaba comenzando a poner de mal humor, cosa que nunca antes había sucedido. Y este era el caso en ese día lunes, en el que había preferido quedarse en casa y tomarse su día libre hasta que Raúl estuviera completamente instalado. Claro que eso, los empleados de “Maquillaje Del Corazón” tampoco lo sabían.
Mientras tanto, Doña Ernilda y Raúl Espósito estaban preparando los deals o contratos para distribuir los maquillajes, no solo los de su firma, sino también los de la competencia a los que les habías hecho una oferta imposible de resistir, con una ventaja en los costos del reparto y distribución que “Maquillajes Del Corazón” absorvería. A partir de estos contratos, la mayoría de las empresas, esas que se dedicaban a la fabricación o distribución de líneas de cosmeticos muy pequeñas como para poder disponer de su propia flota de distribución, estarían dependiendo de “Maquillaje Del Corazón” y de este modo, Doña Erlinda estaría en control de la competencia; claro que esto último ella no se lo había dicho a nadie, no a su marido, ni siquiera a Raúl que había sido el originador de la idea de la compra.
A las doce en punto finalmente se habrió la puerta del Marketing Department y Doña Erlinda salió acompañada de Raúl Espósito para reunirse con todos los empleados como cada vez que tenía un anuncio importante. Pero esta vez, a falta de conference room se había improvisado ubicando unas mesas en el centro de la sala de empaque. Doña Erlina había pedido mover las cajas y la mercancía hacia los costados con anticipación y allí estaban todos los empleados ya reunidos alrededor de las improvisadas mesas, esperando las noticias.
Todos notaron la ausencia de Don Mauricio, pero ninguno se atrevió a preguntar que había pasado. Esa era la primera vez que él no asistiría a una reunión importante como esta, pero definitivamente, no la última.